miércoles, 9 de mayo de 2018

TÓDALAS MULLERES QUE COÑEZO (Xiana do Teixeiro, 2017)

TÓDALAS MULLERES QUE COÑEZO (Xiana do Teixeiro, 2017)


En la genial idea, y mejor realización, que sustenta la propuesta de Xiana do Teixeiro también se concreta la realidad de la diferente percepción de un grave problema entre hombres y mujeres. Nadie en público; mejor dicho, casi nadie; se atreve a mantener posiciones claramente machistas o justificadoras de la violencia sexual contra las mujeres, es más, en esta película no hay ni un solo comentario que intente justificar una realidad que, puede que no sea mayor que hace 30 años, sino que ha terminado el tiempo del silencio por la reacción de las propias mujeres y ahora se hace más visible e insoportable. Y no existiendo ese apoyo expreso, lo evidente es que subsiste, que subyace esa cosificación apropiadora de la mujer como objeto sexual que transforma a la víctima en un ser culpabilizado, y lo que es peor, en una persona que vive con miedo. Como hombre, y como espectador, voy sintiendo el peso de la vergüenza ante la multiplicación de testimonios de mayor o menor gravedad, de mayor o menor intensidad hacia la integridad sexual de las mujeres, pero que revelan una diferencia de trato injustificable en el uso, y en la posibilidad de ese uso, del espacio público, entre hombres y mujeres. Cuando tantas y tantas mujeres han sentido el miedo a salir a la calle, incluso sin haber sufrido ningún tipo de acoso o de agresión es que, realmente, la educación en igualdad y el respeto a la libertad del otro no existe, y lo que es peor, mientras no se asuma la magnitud e importancia del problema y se ataque el problema desde la educación y la familia, el modelo se va a perpetuar, transmitiendo miedo y restricción a la mujer, y violencia y predominio al hombre.
Porque el documental de la directora gallega, centrada en el universo particular de la propia directora y su grupo de amigas, habla de esta realidad, la del abuso y la agresión sexual sufrido en primera persona, de las consecuencias en su vida diaria, de los incidentes que todas ellas han podido vivir en su propia experiencia, pero no se limita a ésto, sino a la transmisión de esa información a otras generaciones para que ellas mismas sientan el peso enorme de dicha experiencia, y, también, desde la diferencia de edad, por arriba y por debajo, sean capaces de explicar su propia percepción de la realidad, asumir su parte de culpa en la colaboración con el mantenimiento de esquemas educativos familiares que sólo sirven para remarcar la diferencia entre sexos y colaborar en la reivindicación de un movimiento que, a todos, nos beneficiaría que terminara triunfando para modernizar estructuras ancladas en tradiciones multiseculares, pero que, y las propias mujeres que hablan son conscientes de ello, incluso las más jóvenes, las que ahora tienen 15-16 años y ya sienten el peso de la amenaza en sus años de instituto, parece casi imposible erradicar. Porque no se habla de un episodio concreto, de una víctima en particular o de una agresión que marque un antes y un después respecto a lo que viene sucediendo desde hace mucho (el primer grupo de mujeres habla del crimen de Alcasser, pero por su conexión temporal con su adolescencia), no, lo que se transmite es la pervivencia de un modelo institucionalizado que reproduce esquemas machistas en la transmisión de la información en la opinión pública, que banaliza la imagen de una mujer como algo solamente deseable sexualmente desde el escaparate del televisor, que perpetua la imagen del hombre acosador y sexualmente siempre dispuesto, el mismo que frente a un "no" sigue entendiendo que cabe un "si" implícito, y que, como colofón demoledor, sigue evidenciando que en el ámbito doméstico, hombres y mujeres no reciben la misma formación ni la misma orientación, porque perdura el slogan de "antes muerta que violada", como si la violación, encima, fuera un estigma culpabilizador para quien la sufre.

Inteligentemente una de las mujeres que interviene pone el foco en el problema de manera precisa y concreta, no hay que preocuparse de la formación y de la educación sexual de las mujeres, prácticamente inactivas en comportamientos agresivos o abusadores sexualmente, es en los hombres, en los propios hijos, donde está el problema a tratar. Cuando en un mismo domicilio el hermano y la hermana no reciben los mismos mensajes, a veces inconscientes, "cuidado cuando vuelvas a casa", otros marcadamente machistas por el tipo de ropa o apariencia física, se está contribuyendo a la perpetuación del modelo y al residuo del "¿dónde irá esa mujer a estas horas?" o al "algo habrá hecho", que en el fondo está justificando el aspecto depredador del hombre en todo este tipo de asaltos que, de repugnantes, parece mentira que se puedan cometer hasta entre amigos, pero que son realidad constante en el acervo de estas generaciones de mujeres. Pero al valor testimonial de la propuesta no le puedo restar el valor cinematográfico. Todo podría haberse reducido a un plano/contraplano de testimonios, pero Teixeiro incorpora el diálogo fresco, espontáneo, lleno de matices y tacos de un grupo de amigas para aligerar ese entorno opresivo que marca sus experiencias, y cuando la acumulación de anécdotas o análisis puede empezar a agotar la propuesta, efectúa un cambio, un giro lúcido y oportuno, que añade un espejo a la realidad, sin deformarla, para acumular experiencias de otras mujeres diferentes que cuentan sus impresiones tras ver lo que la directora ha filmado previamente, experiencia que se repite, con idéntica finalidad y agilización del relato, cuando la película concluye en un instituto donde chicas y chicos hablan desde su propia realidad tras contemplar lo que, en ese momento, era el documental sin terminar. Al final es verdad que no caben soluciones mágicas, que a un problema de siglos no se le pueden pedir soluciones inmediatas, pero caben dos grandes conclusiones, que las mujeres no pueden seguir viviendo fuera de su casa con miedo, porque eso destroza la libertad de más de la mitad de la población, y que sólo con educación mixta, igualitaria y persistente puede que, al cabo de unas generaciones, hayan cambiado los modos de relación entre hombres y mujeres, una educación que ha de empezar, no debemos olvidarlo, por la propia casa que, al final, no deja de ser el germen bacteriano que infecta toda nuestra realidad.


TÓDALAS MULLERES QUE COÑEZO. (Todas las mujeres que conozco). España. 2017. Dirección: Xiana do Teixeiro. Guión: Xiana do Teixeiro. Fotografía: Belén Mendaña, Noemí Chantada, Xiana do Teixeiro. Montaje: Xiana do Teixeiro. Sonido: Iria Otero, Leticia Fernández. Música: TA!. Empresa productora: Walkie Talkie Films. Dirección de producción: Xiana do Teixeiro , Uxía Buciños. 71 minutos.