jueves, 3 de mayo de 2018

MIS VECINOS (Mes voisins, chronique d,une élection, Joseph Gordillo, 2017)


MIS VECINOS (MES VOISINS, CHRONIQUE D,UNE ÉLECTION, Joseph Gordillo, 2017)


Si no es así, lo parece. Como si de los restos de "Brumaire" (reseña) el dúo Gordillo-Giroux hubieran decidido ahondar en lo que en la anterior era un esbozo, un apunte, un avance más de lo que se nos está viniendo encima en Europa. Las arrasadas regiones mineras de Lorena, y Alsacia, víctimas de la globalización y del cálculo que hace más rentable importar el carbón de otros países que mantener núcleos de población estables en el propio país, vuelven al centro del relato del documentalista franco-español, en esta ocasión centrándose en otra pequeña localidad de la Lorena, Rembercourt sur Mad, un punto insignificante en el mapa del país, pero significativo de cómo se están moviendo las sensibilidades ciudadanas hacia un precipicio de incalculables consecuencias a no muy largo plazo. Los sistemas políticos occidentales se han degenerado tanto y tan rápido, la incredulidad ciudadana y el descrédito de cualquier institución es tan profundo, las necesidades tan imperiosas y los sueldos tan escasos y miserables que, por mucho que duela, no resulta complicado asumir el razonamiento de estos paisanos del interior y su deriva hacia la extrema derecha como ellos mismos la denominan, son los nuevos "fachos" procedentes de las clases sociales más humildes, las que antes se decantaban por el tradicional voto de izquierda, o pseudoizquierda posibilista.

En el haber de Gordillo se encuentra no juzgar, ni preguntar, ni provocar. Centrada, sobre todo, en las semanas de campaña electoral presidencial de 2017 en Francia, que concluyeron con la victoria del "hombre común" frente a la amenaza del cambio antidemocrático que supone un partido como el Frente Nacional, con una coda final veraniega, la cámara del director sigue el día a día de un par de familias de la villa, trabajadores que apenas consiguen dormir manteniendo jornadas laborales nocturnas para cobrar un poco más, aprovechando uno de los dos días de descanso para sacarse un plus con otras actividades; consumiéndose día a día mientras su situación laboral y económica languidece, exigidos cada vez más, obligados a competir con sus compañeros de empresa, amenazados con el despido en cualquier momento. Y el entorno no viene acompañado de avalanchas de inmigración, problemas de seguridad, inexistencia de redes familiares de apoyo como en las grandes ciudades de barrios marginales degradados, ni mucho menos; una localidad de apenas 300-400 habitantes en la que todo el mundo se conoce, donde se puede tener una huerta con animales que facilitan la subsistencia y la economía familiar, pero que, aún con eso, se erosiona desde las generaciones más jóvenes que ya no creen ni en derechas ni en izquierdas, que se sienten engañados por ambas y que, creen, que una victoria de Le Pen provocaría, al menos, una reacción popular que haría cambiar las cosas si es que la propia Le Pen no cumple con lo prometido.

Las reacciones espontáneas de estos votantes, hijos de viejos socialistas que contemplan con estupefacción y desesperanza, cuando no sensación de fracaso absoluto, cómo no pueden ofrecer un discurso que contrarreste la evidencia del fín de la socialdemocracia en quienes trabajan más horas que cuando ellos mismos eran jóvenes y viven en  peores condiciones, son el contrapunto visceral a un campaña vivida sin apasionamiento alguno, sin tiempo porque éste se va de la factoría a casa y de casa a la factoría. Es el día de las urnas cuando los protagonistas de la historia sienten que pueden ser capaces de cambiar, o de propiciar un cambio en su agonizante modo de vida, de la misma manera que están convencidos de que Macron no es la solución, sino la perpetuación del sistema y del modelo que va a continuar empequeñeciendo a la mayoría en beneficio de una minoría insaciable, hasta que llegue el día, y no tardará, en que sean los descontentos tantos y menos cobardes, que opten por el suicidio electoral ante la ceguera instalada en las clases dirigentes. Porque Gordillo no se olvida de que ese pueblo fue siempre gobernado por el partido socialista, que entre la nueva generación que ha dado la espalda a los partidos de siempre ("tantos putos socialistas cobardes y chaqueteros" dirá el más visceral de nuestros acompañantes cuando su candidata sólo gane por un voto en el pueblo y la abstención haya aumentado respecto a la primera vuelta) y la vieja militancia socialista, algo se ha roto para siempre, y analizando los resultados de la primera vuelta con el diputado local, estos socialistas de siempre se ven incapaces de encontrar una solución ante la magnitud del destrozo en una zona de Francia que no sufre las mismas consecuencias devastadoras pero que se siente igualmente víctima y abandonada por el poder.

Familias jóvenes a las que hace diez años no les costaba salir de cena los fines de semana contemplan ahora cómo a partir del día 15 de cada mes su cuenta se llena de números rojos, donde había institutos en pequeñas poblaciones, ahora se opta por concentraciones enormes en núcleos mayores invitando al abandono del campo; donde había maestros para educaciones individualizadas, ahora se llega a ratios de 30 alumnos por aula, donde la factoría sobrevivía ahora se decide trasladar la producción al tercer mundo, dejando en condiciones de precariedad a grandes capas sociales incapaces y maniatadas para organizarse como clase luchadora y a quien la rabia interior sólo le proporciona una manera de alzarse contra el sistema, votar a quien el sistema odia. "Yo ya no tengo un trabajo, esto es una esclavitud, no nos queda tiempo para apreciar la vida", dice uno de estos franceses mientras se dedica a arreglar un camino local para ayudar a la comunidad. Al final los presidentes de la república se suceden, las fotos de unos solapan a las de los otros, el tiempo de Hollande ha terminado y Macron ocupa su lugar en las viejas paredes del ayuntamiento, pero mientras, los vecinos se han dividido entre "fascistas" y "demócratas", una mala manera de afrontar el futuro. Donde la armonía era algo evidente, el huevo de la serpiente empieza a germinar y a afectar, también, las relaciones sociales de estos pequeños núcleos, apartados de todo y de todos, pero que sienten el peso de un liberalismo feroz que hace claudicar las ideas y los grandes principios en aras a lemas que, hasta hace poco, herirían la sensibilidad de la mayoría, "primero Francia", "extranjeros fuera", "no a la UE"........, éste es el futuro que nos acerca a un abismo que Gordillo filma con sencillez, con el lirismo de un mundo rural que parecería avanzar a una velocidad más confortable, menos apresurada, menos estresante, pero en el que los deterioros asistenciales terminan floreciendo de manera igualmente virulenta y desigualitaria.

MIS VECINOS. Francia. 2017. Título original: "Mes voisins, chronique d,une élection". Dirección: Joseph Gordillo. Guión: Joseph Gordillo, Laetitia Giroux. Fotografía: Joseph Gordillo. Montaje: Domique Petitjean. Sonido: Herve Birolini. Producción: Juan Gordillo. 92 minutos.

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