domingo, 18 de junio de 2017

VENDREDI 13 (Nicolas Klotz, 2016)

VENDREDI 13 (Nicolas Klotz, 2016)


Un viernes 13 unos europeos decidieron salir a matar franceses o a quien tuviera el infortunio de cruzarse en su camino, ese viernes 13 la gente disfrutaba de un concierto del grupo «Eagles of the death metal» en la histórica sala Bataclan, muy cerca de Place de la Republique, otros cenaban tranquilamente repitiendo hábitos de fin de semana, todo había empezado con una explosión cerca del estadio de Francia, en el barrio de Saint Denis. El balance final llegó a los 137 muertos y más de 400 heridos. Otras heridas se instalan de manera más profunda en el subconsciente de la gente, el miedo a salir, a frecuentar espacios públicos, a mirar sesgadamente como potenciales terroristas a personas de otras razas o religiones. las heridas se profundizan y terminamos cediendo espacios de libertad irrecuperables para potenciar una seguridad que sabemos, pero no queremos reconocer, que nunca será plena, pero que al gobernante le ayuda a aumentar el poder y el control sobre los ciudadanos que nunca serán violentos, el discurso del miedo se nos instala. Pero «Vendredi 13« no es una obra política salvo que por política entendamos todo lo que afecta a las personas, no hay reivindicaciones potenciales, no hay lamentos fruto de las entrañas, y la razón tampoco puede ofrecer soluciones quizás porque no haya razón capaz de comprender lo que lleva a personas integradas en una sociedad que les ofrece más de lo que podrían esperar en sus países de origen a intentar acabar con la vida de ciudadanos indefensos de manera indiscriminada.
Cuanto más recientes más sangran esas heridas, y Nicolás Klotz, formando tandem con Elisabeth Perceval nuevamente, utiliza el documental como exorcismo para intentar demostrar que ante este tipo de barbarie hay que seguir haciendo lo mismo que se hizo hasta ese 13 de noviembre de 2015. Klotz mezcla dos lugares y apenas una única banda sonora. En un blanco y negro que recuerda al del también documentalista francés Sylvain George, Klotz graba imágenes en un estudio de radio de France Inter dos días después de la masacre y sigue la emisión en directo de un programa dirigido por Michka Assayas (hermano del director de cine Olivier). Durante esos 45 minutos de la tarde de ese domingo lluvioso, mientras el cineasta va intercalando el rostro del locutor con imágenes de las calles alrededor de Bataclan, las personas que se acercan y miran anonadadas sus puertas cerradas, la acera cubierta por ramos de flores, la noche húmeda, fría, lluviosa, desapacible va penetrando nuestra fortaleza, un programa de rock and roll decide emitir música «pour faire la fête» sin olvidar lo sucedido pero plantando cara al desastre, ofreciendo como única respuesta seguir haciendo lo mismo que en el programa anterior, no es momento para silenciar antenas ni ritmos festivos.
Uno puede pensar que no se va a cambiar, que no se va a mover de una línea trazada de antemano y que la única respuesta posible es mantener firme la fórmula del programa y no dejarse llevar por la ira, la rabia, el dolor. Obviamente todo el programa, todo el discurso, todo el guión se ha cambiado desde esa noche del viernes hasta la tarde del domingo, Assayas intenta por todos los medios no reconducir el programa a lo que todos tienen en la mente, el recuerdo de tanta gente muerta y el dolor por una forma de vida que se ve amenazada sin sentido, pero ese cambio no afecta a lo esencial, a la música y sus intérpretes, que siguen siendo los protagonistas. La imagen más notoria de que se ha cambiado la idea original del programa es que éste se inicie con el grupo que estaba tocando cuando los terroristas abrieron fuego contra los asistentes, los «Eagles of the death metal» suenan mientras el locutor cuenta historias de sus componentes, como luego irán sonando The Clash, la Credence Clearwater Revival, Bruce Springsteen, Richie Valens, Fleshtones..........música anglosajona para una tarde invernal donde el frío de los cuerpos no procede de la temperatura ambiente, sino del frío interno ante la imposibilidad de reaccionar.
Pero Klotz, al hacer de documentalista, sabe que va a terminar reflejando comportamientos absurdos, cuando no inmorales por absurdos y no pensados, de aquellos que, muy de buena fe, se acercan al lugar de la matanza. La obsesión por captar imágenes en vez de recordarlas con la mirada lleva a los ciudadanos anónimos a acudir al lugar llevando sus cámaras, sus móviles, un primer gesto es el de fotografiar, antes incluso de reflexionar. Lo obsceno llega al máximo cuando una joven es filmada por una amiga mientras enciende una vela que va a depositar junto a las flores, o que un inmigrante venda ramilletes de flores, o lo intente, cerca del lugar del duelo, inmune al dolor generalizado y pensando, también es lógico, en su supervivencia aunque sea a costa de una de esas imágenes dolorosas que plasman la absoluta insensibilidad humana ante la tragedia ajena. También hay gestos humildes y muy dignos, como los de las jóvenes que al verse filmadas por el director abandonan el cuadro rápidamente y con cierta incomodidad en su mirada, o las decenas y decenas de personas que se limitan a ir, pararse un momento y marcharse poco a poco, con la cabeza baja y hundidos. El programa sigue su curso hasta la hora programada, con emoción creciente porque el recuerdo es muy intenso y no se puede obviar, hasta que el propio locutor termina derrumbándose en privado mientras suena una de las canciones, el objetivo se ha ido cerrando progresivamente sobre él, no nos importa tanto su rostro, ni el estudio, como la palabra y la música, hasta ese momento de catarsis personal que se traslada a todos nosotros cuando lee un mensaje que ha pedido a Bono, de U2, con ocasión de su amistad y la necesidad de terminar el programa intentando lanzar un mensaje de optimismo. Si el sonoro «merde» con el que dedica el inicio a los terroristas y a aquellos que consiguen adoctrinarlos, indica un estado de ánimo combativo, el final de «no os convirtais en monstruos para combatir a un monstruo», aprovechando una de las últimas canciones del grupo irlandés que es el colofón de la emisión, «Peace in earth», devuelve el odio, o lo intenta, al lugar en el que nunca debemos dejarnos arrastrar, el de la violencia, porque la mejor enseñanza del documental es celebrar el dolor con «musique por faire la fête», recordar la barbarie pero no imaginar nunca que lo arreglaremos devolviendo el golpe.


VENDREDI 13, Francia. 2016. DIRECTOR: Nicolas Klotz. PRODUCCIÓN: Nicolas Klotz, Élisabeth Perceval. MONTAJE: Nicolas Klotz. // FOTO: Nicolas Klotz. // INTÉRPRETES: Michka Assayas. 48 minutos. b/n.