jueves, 19 de octubre de 2017

SEMINCI 2017.- PREVISIONES


SEMINCI 2017

People that are not me, de Hadas Ben Aroya

SEMINCI 2017 EN ÚLTIMO CERO (para leer pinchar aquí)

 La idea de un lago, Milagros Mumenthaler
 Panoptic de Rana Eid
 Visages, villages, de Agnes Varda
Gabriel e a montanha de Felipe Gamarano
Este año estoy sin ganas de hacer crónica diaria, entre otras cosas porque no voy a ir a ver más que lo que creo que me puede interesar de verdad. Colaboraré puntualmente pero no os daré el "coñazo" diario con el festival. En el artículo mis recomendaciones personales para la edición que empieza el sábado.
 Disappearance de Ali Asgari
 Los desheredados de Laura Ferrés
 Park de Sofia Exarchou
 Jeune femme (Bienvenue Montparnasse) de Leonor Serraille
The rider, de Chloe Zhao

miércoles, 18 de octubre de 2017

UNA MUJER FANTÁSTICA (Sebastián Lelio, 2017)

UNA MUJER FANTÁSTICA (Sebastián Lelio, 2017)

ENLACE A AMANECE METRÓPOLIS (para leer el texto pinchar aquí)



La última película de Sebastian Lelio ahonda en el retrato de personajes, en concreto una mujer atrapada en un cuerpo que no le gusta, para reflejar el constante acoso social hacia quien piensa y se comporta de manera diferente a la mayoría. En Amanece Metrópolis colaboro comentando uno de los estrenos más interesantes de la actual cartelera comercial.




 


martes, 17 de octubre de 2017

OUT THERE (Takehiro Ito, 2016)

OUT THERE (Takehiro Ito, 2016)


Ser o estar, pertenecer o extrañar, quedarse o partir, sentir o silenciarse, el primer largometraje del director japonés Takehiro Ito fluye entre lo innacesible y lo melancólico del mismo modo que mezclamos Tokyo y Taipei trazando los límites de un mapa físico y geográfico que se interpone e interactúa con el mapa personal del joven Ma, actor en ciernes, sometido a un casting y entrevista por el director de una película que no termina de culminar, cuya historia es reescrita una y otra vez sin que los productores terminen de verla. Ma es interrogado y se interroga, Ma es sujeto y objeto de la narración, piensa y expresa en pantalla sus sensaciones de extrañamiento y escruta en el pasado de sus padres para conocer, igualmente, las sensaciones de estos cuando Taiwán se forma, se construye, se separa de la China continental sin terminar de desgajarse completamente, cuando EEUU se convierte para Taiwán en rescate y tierra de oportunidades, una cultura milenaria que se transforma para diferenciarse adoptando los cánones de quien acoge su independencia, tradición y novedad, lo propio y lo adoptado, lo que une y lo que separa, individuo, familia y estado en busca de una identidad por descubrir y aceptar.


Personaje a la deriva, Ma, pese a su juventud, busca la imagen de la mujer amada que aparece y desaparece, al tiempo mantiene una relación de amistad con una joven que no termina de convencerse del verdadero interés de Ma por ella, mujeres enigmáticas, fantasmas de un pasado no muy lejano de Ma o que habitan espacios que fueron abandonados por quienes han perdido la memoria se materializan en la pantalla sin llegar a ser aprehensibles, y cuando se hacen visibles, la cámara de Ma es incapaz de fijar su imagen, pequeños vampiros que rechazan su propio reflejo, creaciones simbólicas e idealizadas de quien no termina de saber dónde empieza y dónde termina su propia búsqueda porque ésta, la búsqueda de Ma, se fragmenta, se bifurca, se desparrama en múltiples caminos que nos hablan de si mismo, de su familia, de sus amores, de sus fotografías, de su interés en ser actor, de su país al que siente y, al mismo tiempo, no reconoce o no incorpora como espacio exclusivo y excluyente. Mi patria soy yo y donde yo esté pero también es el espacio en el que me han formado, no me siento de Taiwán pero no puedo dejar de sentirme parte de una cultura sin la que me siento extraño, ausente, sin conexión. 



Ito utiliza multitud de herramientas narrativas y metalingüísticas, múltiples formatos visuales, color y blanco y negro, fotografía, escenarios cerrados y , a continuación, el espacio abierto de las calles de ambas ciudades recorridas al ritmo vertiginoso de los patines que forman parte de la identidad de Ma. El mar como una frontera inabarcable que marca los límites de la capacidad humana para evadirse, el cine como instrumento de composición cultural y psicológica que choca con la realidad de un mundo que ha dado la espalda a las salas y en el que los creadores se sienten atenazados por la dictadura del rendimiento económico. Una vieja sala de cine, abandonada y ruinosa, como esa casa que barruntamos espacio de una historia familiar ya superada, une a Ma con otro pasado, con el pasado de una mujer espectral que se resiste a abandonar este mundo pero a la que nadie ve, conectando ese vagar indefinido con la proyección del propio joven buscando esa imagen femenina anclada en su memoria subconsciente. "OUT THERE" es una película sobre el individuo, sobre el amor, sobre la ausencia, sobre el pasado, sobre la familia. Es una película existencialista con muchas carreteras secundarias no siempre bien conectadas, pero funciona por segmentos con la misma eficacia que una persona siente que su pensamiento no está siempre enfocado ni es diáfano, es una película-río donde la ficción y la realidad se confunden en ese territorio difícil de perfilar entre el documental y lo que no lo es. El ritmo y el punteado musical recuerda al cine de Edward Yang, al Hou Hsiao Hsien de Café Lumiére, incluso a la morosidad esteticista de múltiples cineastas asiáticos tamizada por la idea del fantasma de Weerashetakul. Hay que dejarse atrapar por esa corriente telúrica que está agarrando a los personajes por sus sentimientos, incluso por los no expresados, para desear que continúe ese largo travelling lateral de Ma recorriendo Tokyo-Taipei sobre unos patines en blanco y negro, imagen del desconcierto y de la ausencia de rumbo definido que convence. Director a seguir. 


OUT THERE. Japón , Taiwán. 2016. Dirección, producción y montaje: Ito Takehiro. Guion: Ito Takehiro, Ma Chun Chih. Fotografía: Sasaki Yasuyuki. Sonido: Fujiguchi Ryota. Música: Alexandra Barkovskaya. Intérpretes: Ma Chun Chih, Kobayashi Haruo, Kitaura Ayu, Hattori Ryuzaburo, Seto Natsumi . Duración: 142 minutos.

TRAILER


lunes, 16 de octubre de 2017

LOS VERSOS DEL OLVIDO (Alireza Khatami, 2017)

LOS VERSOS DEL OLVIDO (Alireza Khatami, 2017)


1001 historias, cuenta y cuenta, 1001 historias de gente que muere y cuyo rastro resulta imposible de seguir al quedar aislados de su pasado. Ajenos, olvidados, meros cuerpos sin dueño y sin duelo. Un enterrador y un encargado de depósito se encargan de recordar las historias de esos cuerpos que no tienen quien los vele, quien los siga en su último viaje, quien apacigüe su recuerdo con lo mejor que hicieron. En el mundo del cementerio apenas hay lugar para alegrías en un lugar indeterminado que puede ser cualquiera de este mundo en el que a la muerte se le une la desaparición, el olvido forzado. Inventar historias, recrear identidades, otorgar un relato a quien se le ha negado para reparar una injusticia. Khatami utiliza el onirismo visual para repasar un pasado muy reciente en Sudamérica, pero que sigue presente y persistente en muchos lugares del mundo. Mezclando acentos del castellano, entre el neutro de los actores españoles y la musicalidad del tono chileno, el director consigue universalizar su propuesta crítica no exenta de lirismo en medio de tanta barbarie.



 No hay nombres que permitan identificar a los personajes, el viejo encargado de la morgue en la que los militares olvidan un cadáver que había que desaparecer (Juan Margallo), el sepulturero poeta (Tomás del Estal), el chófer de la funeraria (Manuel Morón), el chófer que rescata de la muerte al viejo (Luis Gnecco), la madre que perdió a su marido en la represión y no encuentra su cadáver, que se presta a dar una identidad a la joven ajusticiada desconocida (Itziar Aizpuru) , la funcionaria que pretende hacer negocio inmobiliario con la sepultura propiedad del viejo en el mejor sector del cementerio central (Amparo Noguera) representan a todas las personas cuyo presente se ve zaherido por fuerzas represoras que se exceden en el ejercicio de la fuerza para mantener un orden ilegítimo. Katami utiliza el extrañamiento, usar escenarios de un tiempo que no parece corresponderse con el real, burocracias sacadas del siglo XIX; viejas oficinas y escritorios en los que Bartleby se sentiría mucho más cómodo que en su relato, laberínticos archivos donde jugar al mito del Minotauro haciendo perderse y morir a aquellos que no se satisfacen con matar sino que quieren borrar toda huella de su paso por lugares que no deberían haber franqueado. En medio de tanto horror, Khatami aprovecha recursos del realismo mágico para sorprendernos con imágenes tan poderosas como una ballena voladora o que llueva dentro de los muros de una construcción. Cuando se pierde el norte de la racionalidad y la empatía humana cualquier cosa es posible.


Hay un lirismo que da amparo a la resistencia poética de este viejo celador que no es sino ejemplo de un luchador contra el olvido, y en cuya resistencia puede provocar su propia perdición. Hay un cadáver sin nombre y sin esperanza de ser sepultado tomado como referente de todas aquellas situaciones en las que, sin un acto de rebeldía, el recuerdo no es posible. Enterrar al anónimo o desenterrar al que no se quiso dar nombre entran así a formar parte de una justicia poética alejada de la norma escrita y de la inflexibilidad del poder. Contadas todas las historias de los muertos comienza el momento de contar las historias de todos los vivos, de dar un giro a una existencia que transita entre el miedo y el rechazo al semejante para permitirse un momento de relajo, de sonrisas, de anécdotas divertidas donde los 1001 muertos den paso a las 1001 historias de novios, pero no por ello las ballenas van a dejar de morir, los recuerdos de intentar ser borrados ni las madres van a dejar de sufrir por su hijos no encontrados, el viejo hombre es el hombre que todo lo recuerda, salvo los nombres de quienes pasaron por sus manos, una forma de protegerse y de permitirse restaurar el orden pervertido por el poder, una manera de dar pasado a quien se le niega.




domingo, 15 de octubre de 2017

LOS PERROS (Marcela Said, 2017)

LOS PERROS (Marcela Said, 2017)

El perro de la película puede ser tanto el animal fiel que obedece la orden de su amo cualquiera que ésta sea como el elemento simbólico de ser el primer objetivo de la venganza para hacer daño a su dueño. En el mundo burgués y dominante del poder económico, los pequeños empujones del día a día, los sobresaltos políticos que tienden a desenmascarar la cara oculta del poder pasado y presente apenas hacen mella en sus responsables o en sus familias. Marcela Said utiliza el inteligente mecanismo de un microcosmos cerrado, casi aséptico y aislado del exterior, para presentarnos a un personaje lleno de frivolidad, ausencia de compromiso, anulado por su entorno masculino y anulable por su propia conveniencia, ante el que surge la curiosidad de un pasado reciente que aproxima a su familia a los entresijos de la dictadura pinochetista, y no sólo a ésta, sino a su maquinaria de represión y desaparición. Mariana (Antonia Zegers) es el prototipo de mujer despreocupada, desocupada, que pasa sus días entre tiendas, cafeterías, fiestas y clases de equitación. Con una desinhibición progresiva cuanto mayor es el desdén que siente, recíprocamente, por, y de, su marido. Las clases de equitación que le imparte Juan (Alfredo Castro, siempre tenebroso, siempre eficaz, siempre amenazante) no son más que otra sumisión más a un hombre, en este caso al instructor. Una mujer sometida a las órdenes de cualquier hombre y que encuentra, en la enigmática figura del instructor, una razón para empezar a desobedecer, para liberarse de un sometimiento asfixiante ante el que carece de armas para escapar.


Ajena a cualquier realidad, Mariana asiste a las clases desconociendo quién es ese instructor al que empieza a acosar, porque en esa dualidad de mujer sometida-mujer acosadora, Mariana flirtea en cuanto un hombre se dirige a ella acostumbrada al menosprecio familiar, sea como presidenta de paja de un consejo de administración, sea como esposa de quien ha dejado de valorarla si alguna vez lo hizo. El sustitutivo del cariño que no recibe en casa es su perro, fuera del hogar ha de buscarlo, pero parece que sólo sirve para sexo furtivo y ocasional. Cuando su instinto provocador hace que invite a una fiesta familiar a su instructor de equitación, por el que se siente atraído, una caja de Pandora de magnitudes incontrolables se abre ante la impulsiva e irreflexiva mujer. El saludo entre el padre de Mariana y Juan es sintomático de un conocimiento previo, «¿cómo está mi coronel?», revelando la verdaderaa identidad y origen de quien hasta ese momento no ha hecho mención alguna a su condición militar por una razón evidente, está siendo enjuiciado por crímenes contra la humanidad cometidos en el periodo pinochetista. Said se acerca así a las reflexiones sociopolíticas del inicial cine de Pablo Larraín, o a esa podedumbre moral que circula por las clases altas chilenas en las que también se maneja Alejandro Fernández Almendras. La carcasa exterior, educada, sociable, culta de esa élite, termina dando paso a un entramado de connivencias ideológicas y económicas con episodios de criminalidad salvaje sin depurar. Si la estructura militar chilena está siendo sometida a examen y castigo (llegue éste donde llegue, porque el juego comparativo Chile-Argentina subyace también en todo el desarrollo mediante la intriducción del personaje argentino como es el marido de Mariana, cuya familia de militares está sufriendo procesos paralelos en su país) la estructura socioeconómica colaboradora de la dictadura ha salido indemne del paso y sigue sometiendo a la política a un control silencioso y amenazantemente presente.


Si en su anterior película, «El verano de los peces voladores», también Said exploraba esos territorios opacos en los que el poder se ejerce de manera arbitraria y perjudicial para un grupo social, con «Los perros» se introduce a fondo en las heridas aún no cerradas, y ni tan siquiera castigadas, de un periodo muy tenebroso de la historia de Chile amparado por el capital, propio y exterior, y lo hace de la mano de un personaje femenino que se siente atraído por el mal, que incluso sabiendo, sin necesidad de detalles, el crimen del coronel decide buscar amparo y consuelo en esa persona absolutamente despreciada por quienes sufrieron la dictadura, y alejada por aquellos que se sirvieron de sus servicios para prosperar y mantener una hegemonía económica y social durante y después de la dictadura. La atracción de Mariana es la de quien siente atracción por un perro fiel que ha mordido a las órdenes de quien la rodea, por eso todas las recomendaciones que tratan de imponerle que se separe de esas clases, de ese entorno de violencia que, en el fondo, fue financiado, jaleado y sostenido por quien ahora trata de apartarse de él ostensiblemente pero no en su fe íntima, no hacen sino reforzar su intento, baldío, de acercarse al militar y alejarse de su propia familia. Todo poder tiene sus «perros», y normalmente son los perros los primeros que pagan los errores de sus dueños, como ocurre en esta película, el problema para la sociedad es cuando los dueños nunca pagan los errores, o crímenes, que obligaron a hacer a sus perros, perros que nunca sienten haber hecho algo malo porque estaban defendiendo a sus dueños. Sea Chile, sea Argentina, sea España, ha habido exceso de perros y exceso de dueños que, ni en uno, ni en otro caso, han pagado por sus crímenes, claro que mucho peor aún es no perseguir ni siquiera a esos perros anónimos dispuestos a todo por unas migajas, por un golpe en el lomo, por una condecoración o una regalía mientras el dueño del perro va convirtiéndose, poco a poco, en dueño del país.



                                                                        Marcela Said

LOS PERROS. Chile. 2017. Dirección: Marcela Said Cares. Guión: Marcela Said Cares. Intérpretes: Antonia Zegers, Alfredo Castro, Rafael Spregelburd, Alejandro Sieveking, Elvis Fuentes. Productora: Cinema Defacto, Jirafa films. Producción; Augusto Matte, Sophie Erbs,Tom Dercourt, Santiago Gallelli, Benjamín Domenech, João Matos, Jonas Katzenstein, Maximilian Leo. Dirección de fotografía: George Lechaptois. Dirección de arte: Pascual Mena, María Eugenia Hederra. Montaje: Jean de Certeau. Música: Grégoire Auger. Sonido: Boris Herrera, Leandro de Loredo. 94 minutos.